El feedback, el eterno olvidado

Ene 20, 2022 | calidad

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Hay muchos que defienden la figura del traductor como creador en sí, que a pesar de no inventar los contenidos desde cero, es el único responsable del texto meta. Un texto que, a fin de cuentas, pretende equipararse al texto original. Esto, sin embargo, no implica una disociación total del creador original. Esta es una de las claves para garantizar la excelencia del producto final, de la traducción.

Un traductor profesional domina el idioma origen y el idioma meta, controla a la perfección la lingüística de la lengua destino y es experto en la temática del texto que ha de traducir. Y se tiende a pensar que esas características son las únicas necesarias para garantizar que la traducción sea perfecta. Sin embargo, en muchas ocasiones, el traductor es “adivino”.

El traductor y el redactor original: un equipo contra la ambigüedad

Ha de ser buen conocedor de la temática, desde luego. Pero es el redactor original el experto y quien mejor sabe lo que se pretende transmitir y hacer llegar al público. Cada individuo tiene una manera personal de redactar y, en ocasiones, es complicado plasmar de manera comprensible para otros lo que uno tiene en la cabeza. A veces se nos olvida que la gente no es capaz de leer la mente. Es por ello que las malinterpretaciones, dualidad de sentidos y dudas terminológicas son un amigo común de los traductores. No todo se puede entender de una única manera y, desde luego, no todo se puede traducir de una única forma.

Es aquí donde el papel del cliente, como redactor original, es crucial. La comunicación entre el cliente y el proveedor de servicios lingüísticos es clave a lo largo de todo el proceso: antes de comenzar el proyecto, durante su avance —resolviendo posibles dudas— y, sobre todo, al final, para confirmar que el resultado es el deseado.

Establecer de entrada los requisitos y preferencias del cliente ayuda a enfocar correctamente la traducción desde el principio. Además, es esencial contar con un interlocutor a quien poder consultar posibles dudas con términos o frases ambiguas a lo largo de la traducción, se ahorra mucho tiempo y se demuestra el interés real en dar el mejor servicio posible. Pero hay un elemento de gran utilidad para nosotros los traductores, y es el feedback tras haber entregado el trabajo. Y muchas veces no nos llega.

Es evidente que la traducción suele ser el último eslabón antes de la entrega de un documento o producto, y que la prisa para el cliente suele ser grande. Y posiblemente por ello lo habitual es no recibir retroalimentación y dar por bueno el trabajo realizado, pero ¿y si no es así? ¿Y si el cliente ha hecho cambios finales que desconocemos? Por ello, esos comentarios y correcciones por parte del cliente son de gran valor y, más que una crítica, hemos de entenderlos como una excelente oportunidad de mejora para futuros encargos. Al igual que al procesar los textos originales aportamos sugerencias de mejora y corrección de posibles erratas, este intercambio bidireccional de opiniones y aprendizaje conjunto, a la larga, resulta beneficioso para ambas partes, especialmente cuando la relación comercial se prolonga en el tiempo.

En Hedapen contamos con probada experiencia en la traducción profesional de sitios web, adaptándonos a las necesidades concretas de cada cliente para garantizar resultados excelentes.